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PARA NACER HAY QUE MORIR

     - Cuando vos seáis Senador, podréis hacer oír la voz de estas tierras.

     - ¿Qué puede esperarse de un inexperto legislador, que no posee la facultad de engañarse a sí mismo, requisito esencial para quien busca votos?

     - Si los hombres honrados como vos, os retiráis, el campo quedará libre para los que carecen de escrúpulos y de ideales. y todo continuará como hasta ahora.

     - Hace veinticinco siglos que soportamos el peso de una civilización que nos viene de fuera. Desde hace 2.500 años somos una colonia. No lo digo como queja; es culpa nuestra.

    Cualquiera podría pensar -más en este medio digital- que las líneas precedentes se refieren a Andalucía. Sin embargo fueron dedicadas a Sicilia. Forman parte del diálogo de la película "El Gatopardo", del inimitable Visconti. Entre voluptuosos paisajes, pueblos perdidos y guerra, el diálogo:

    - Esto ha terminado ahora. Sicilia no volverá a ser conquistada, porque forma parte de un libre Estado. (...) Este estado de cosas no durará. Nuestro eficiente, moderno (...)

     - Y ese Garibaldi ¿a qué vino a Sicilia?

     - Nos vino a enseñar buenas costumbres; pero no lo consiguió, porque somos dioses. (...) los sicilianos no harán nada por superarse, porque se creen perfectos. Su vanidad es aún más fuerte que su miseria. (...) No digo que algunos sicilianos, trasplantados a otros sitios, puedan ser más despiertos...

     El arte sí que es universal. Enemigo de la "globalización", porque es universalista de verdad. El arte único de Luchino Visconti dibuja aquí un cuadro dónde bien podemos vernos otros pueblos con similitudes históricas a Sicilia. Y viceversa. En una película, dónde cada plano, cada encuadre es una verdadera obra maestra de la estética más perfecta y más decadente, se traza  un modelo de la auténtica decadencia. Cuando la decadencia no es la muerte absurda y absoluta, cuando no es la pérdida plena de la facultad para regenerarse, sino todo lo contrario: el camino para llegar a la recuperación de uno mismo, siempre surge el contrapunto. Porque frente a toda acción hay una reacción.

    Y si el tiempo, o el sistema político requieren una renovación, siempre habrá un dueto Garibaldi-Victor Manuel, porque

     - Todo tiene que cambiar para que nadie cambie

     A finales del siglo XVII el reino de las dos Sicilias (Actualmente Nápoles y Sicilia) era el más rico e industrializado de la península itálica. El "revolucionario" Garibaldi se apoyó en el rey de Saboya para imponer "una nueva civilización" a los países del sur. (¿No suena?). Apoyado por los independentistas que no habían aceptado su anexión al Piamonte, los garibaldinos consiguieron someter Sicilia y Nápoles a la soberanía de la casa de Saboya. Se llamó a aquello "re-unificación" de Italia. El reino de las Dos Sicilias perdió su empuje económico en beneficio del Piamonte Saboyano (Cerdeña continental y Lombardía).

    Visconti retrató con la maestría que le era característica, el ambiente rural y nobiliario de la Isla, dónde, pese a la "unificación" y la presencia abrumadora del ejército saboyano, el vals -la música de la Austria enemiga de Milán y Turín- marca la rebelión inconsciente de una nobleza ausente de la verdadera dimensión de los acontecimientos, aunque sobre todo se eleva finalmente la música napolitana.

     Una verdadera obra de arte de la que todos tenemos mucho que aprender. Puede verse en:

            www.megavideo.com