Fermín Salvochea será homenajeado por ciento dos voces                    Cierra la planta jerezana de VICASA                   La Junta construira en Malaga un Centro de Investigacion Biomedica
EL INSURRECTO
Antonio Manuel

GRASA POR CORAZÓN

            Científicos andaluces han hecho realidad para el cuerpo humano el sueño de cualquier economista: convertir células de grasa en células del corazón. Lo que sobra en lo que falta. Lo desechable en lo imprescindible. Justo lo que necesita la economía española para no morir de infarto. Especialmente allí donde las secuelas del hiperdesarrollismo inmobiliario y consumista nos engordaron de repente a la vez que nos vaciaban la despensa. Andalucía, sin ir más lejos.  

La situación es dramática. Los números asustan. La cuarta parte de los parados españoles son andaluces. Y en la lista no se cuentan los autónomos que han cerrado sus negocios, ni los andaluces que están parados en otras partes de España. Se acabaron las multimillonarias medidas paliativas del Plan E que contrató temporalmente a 80 hombres por cada 20 mujeres. En eso consiste etimológicamente la paridad socialista: cualidad de parida. Porque esa cantidad monstruosa de dinero que ha engordado el déficit público hasta más allá de lo insoportable, sencillamente se ha gastado, no invertido. Y todo para prolongar artificialmente los efectos de la anestesia sin intervenir al enfermo. A aquellos jornaleros que cambiaron la hazada por el palaustre se les están acabando los ahorros y el desempleo que les permitió seguir viviendo como vivían. Ahora ya no hay tajo en los andamios ni en los surcos. Pero sigue llegando cada mes al buzón la carta de la hipoteca y del préstamo del coche y de la tarjeta de los grandes almacenes. Ya no pueden vivir como vivían. No compran. Baja el consumo. Se cierran las tiendas. Y se despiden a los empleados. Que tampoco podrán vivir como vivían. Para acabar con este bucle demoníaco nos aconsejan desde Inglaterra bajarnos el sueldo, desde Francia que facilitemos los despidos y desde Alemania que deberíamos reducir las pensiones. Suena a chiste de los de antes. Con la diferencia de que el español solía ganar utilizando la picaresca y ahora queremos darles la razón. Y encima perdemos.

En Gran Bretaña nos doblan en el salario medio. El aumento del paro en Francia es ridículo comparado con el español. En Alemania los pensionistas ganan unos 300 euros más que nosotros. Y todos ellos crecen mientras España cae en picado. Podría estar de acuerdo con este europeísmo hipócrita si los recortes se hicieran a los que más ganan y no siempre a costa de los que menos tienen. O de los que no tienen. Porque estos datos merecen una severa corrección territorial: en Andalucía estamos muy por debajo de la media española en esos tres parámetros materiales. Incluso morimos antes. Por el contrario, somos el pueblo que mejor resiste y más aguanta el dolor y la miseria. Y con nuestra capacidad callada de resiliencia están jugando los políticos que negaron la crisis y nos prometieron pleno empleo para el año pasado. Cuidado. Aceptación no equivale a sumisión. Ni silencio a cobardía. Ellos saben que estamos hechos de tejido cardíaco. De sangre que quizá estalle. Y de talento. El mismo que ha ingeniado la receta para curar estos males: cambiar grasa por corazón.